lunes, 17 de septiembre de 2007

Ficción doméstica.

  • ¿ Sabes cuánto tiempo vivimos? ¿ Cincuenta, setenta años? ¿Apenas sí llegamos a los noventa? Yo tengo la fatalidad de pasar demasiado tiempo pensando más que viviendo. O perdiendo el tiempo en prácticas incómodas en lugar de vivir la vida. ¿ Conoces a Macedonio Fernández? No importa, en realidad no tiene nada que ver, pero yo, por ejemplo, pierdo al menos veinte minutos por cada día tan sólo en buscar cosas. En buscar unas tenazas que ha dejado mi esposa en un cajoncito de la salita mientras debían estar en un altillo de la cocina. En un buscar un cigarrilo en mi bolsa, harto difícil porque tengo en la bolsa de todo, dos cuadernos, un bolígrafo, un estuche para las gafas de ver, un libro, la cartera, descuentos para una hamburguesería de barrio, etc. Para cuando he encontrado el paquete de cigarrilos han pasado cuarenta segundos. Después pierdo el tiempo pensando en que Terence Moix - por nombrar uno- murió fumando, que E. A. Poe -por nombrar otro- murió bebiendo.


    Luego pienso que pierdo el tiempo viendo los programas del corazón con mi esposa. Aburrido, miro la T.V. mientras mi mente está a mil millas de allí, a mil millas de la tele, de mi esposa, a mil millones de años de la Historia de España. Mis pensamientos los interrumpe una voz:

    - ¿ Qué ha dicho? -grita mi esposa desaforada mientras señala a la tele.
    - No sé. no estaba escuchando. - contesto.
    - ¿Otra vez estabas pensando en las musarañas, cariño?
    - Pensaba en Macedonio Fernández, en que fumar es cancerígeno...

    Entonces me levanto y voy hacia el dormitorio para comprobar que la habitación está patas arriba. Busco desesperadamente un libro de Macedonio Fernández pero está todo tan desordenado que apenas distingo un lomo de otro. Afortunadamente para ordenar mi biblioteca tengo a mi esposa. Siempre me dice que apenas tengo los pies en la tierra, y la verdad es que es ella quien se encarga de todo, por ejemplo, de tener una cena preparada con todo lujo de detalles - sabe valorar los pequeños placeres de la vida-, de saber calcular con gran precisión cuánto hemos gastado de luz cada mes; de calcular la economía doméstica.. etc.

    Ofuscado salgo del dormitorio y le digo mentalmente a mi esposa que me marcho a la biblioteca, que tengo que buscar algunos libros que deseaba consultar hace algún tiempo. Ella me responde que baje de nuevo a la realidad y que tengo una serie de responsabilidades como marido. Me coje de la mano y me sienta cómodamente en el sofá junto a ella. Luego alza la mano y pocos segundos después una paloma aparece aleteando por la ventana y se posa en su mano.

    -Tócala -me dice. - Esta es la realidad: los pájaros del cielo, la lluvia que cae, el suelo que ahora mismo pisas.

    La paloma olisquea la palma de su mano y se marcha por donde vino. Yo me levanto y hago lo mismo que la paloma, marcharme. A veces pienso que vivo en otro mundo distinto al de ella. Me dirijo directamentea la biblioteca, tras largos minutos de búsqueda encuentro una colección de la correspondencia de Macedonio Fernández y marcho de vuelta a casa. Me recuesto en el sofá y leo. No sé donde está mi mujer, la casa es pequeña pero ni siquiera se me ha ocurrido pensar dónde está, cuando quiero darme cuenta resulta que la tengo junto a mi e interrumpe mi lectura.

    - ¡Oh! Ya vas a quedarte encerrado en ti mismo durante el resto del día, estoy segura.-me dice al oído mientras me da un beso en la mejilla. Yo contesto que sí, casi sin pestañear y sin levantar la mirada del libro, y sigo leyendo para no perder la concentración. Dicen las estadísticas que si pierdes la concentración, aunque tan sólo sea un segundo, tardas al menos 15 segundos en volverla a recuperar, y yo ya pierdo bastante el tiempo cuando busco un cigarrillo en mi bolsa

    Cuando levanto los ojos del papel a penas sé cuanto tiempo ha pasado., horas, días..

    Veo a mi mujer junto a la cocina, con un mandil y un trapo en la mano.. Esta mujer es capaz de hacer mil cosas a la vez. A veces me sorprende su rapidez mental, su manera de disfrutar del tiempo al máximo, mientras yo sólo sé desbordarlo, dilatarlo, redimensionarlo inutilmente. Es ordenada mientras yo soy capaz de perderme en mi propia casa. Es activa, mientras que yo soy un indeciso que resuelve problemas después de darles innumerables soluciones fatídicas.Ella es práctica, yo un teórico abstraído que me pierdo en mi mundo, como si cayera en un pozo. Ella es realidad. yo, en resumen, soy ficción y soy capaz de volar como una paloma que se ha posado en su mano. Tranquila mi vida, yo soñaré por los dos.



3 comentarios:

Pedro Gozalbes dijo...

yo creo que una idea interesante podría ser que fueras haciendo especies de secciones, de entradas como estas a modo de relatos, pero que nos acostumbraras a dos o tres personajes, a dos o tres visiones... de forma que pudiéramos ver los mismos hechos, las mismas "no-aventuras" desde distintas perspectivas narrativas, por ejemplo esta sería la del teórico abstraído, pero podrías hacer al menos tres o cuatro y hacer series... quizás se me va un poco la pinza... ficción doméstica... de estar por casa.
Saludos!

Manolo dijo...

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Eran las 11 de la noche, y Silvia, como era normal que hiciese de lunes a viernes, después de trabajar, cogió el último tren en dirección a su ciudad.
Como era normal, como casi siempre, el tren tardaba en recorrer su trayecto una media hora aproximadamente.
Como era también usual, estaban los vagones casi vacíos, con ese aspecto de pensión vieja y descuidada que tienen estos trenes de cercanías.
Como siempre, con cierto temor, ella se sentó en un asiento pegado a la ventana, en la planta de abajo del vagón, y sacó, como era ya habitual, un libro para matar el aburrimiento y para asesinar a esos 30 minutos que a veces duraban más de lo deseado.

Don Álvaro. dijo...

Dios Mío! Una narración subliminal en un blog. Esto es magnifico. lo del blog este es que me flipa cada vez más! Es inprevisible todo lo que aquí ocurre