sábado, 15 de septiembre de 2007

Mi tía abuela dentro de una olla de barro.

No hace mucho, mis dos tías segundas acudieron al cementerio de su pueblo a recoger los restos enterrados de su madre, tia abuela mía. Después de 10 años el seguro de difuntos te brinda la oportunidad de recoger los huesos de tus seres queridos o, por el contrario,pasarlos del nicho en el que se encuentran a una fosa común. Mis tías segundas prefirieron recoger los restos de su querida mamá, tia abuela mía,como ya dije, antes que abandonarlos en una fosa común con quién sabe quiénes, y finalmente,mudarlos a un pueblo llamado Buitreras, lugar de origen de mi querida y difunta tía abuela.

Ambas tías segundas mías se encontraron en un grave problema: cuando advirtieron que no tenían recipiente reglamentario para transportar los restos en cuestión y, teniendo en cuenta que en el tanatorio del lugar los recipientes de cerámica tenían un precio demasiado alto, decidieron meter a mi querida tía abuela, que por otro lado apenas llegué a conocer, en una obsoleta olla de barro. No había demasiadas opciones. Era en una olla de barro o un tarro de cristal de los que se usan para las legumbres. Mis tías se morían de la verguenza. Una olla de barro. ¨Si nuestra madre se enterara¨ decía una. ¨Que nadie nos vea¨-pensaba la otra. Cuando enseñaron el recipiente al enterrador éste ni siquiera se sorprendió - había visto tantas cosas en su oficio que algo así le parecía lo más natural-.
Luego, los restos de mi tía abuela fueron llevados al crematorio, donde no pasaron mucho tiempo antes de ser carbonizados.

Los huesos, al ser quemados, pierden la textura anterior para convertirse en un polvo brillante semejante a la purpurina: el fósforo. Cuando mis tías segundas tuvieron en su poder la olla de barro conteniendo fósforo en polvo, se sorprendieron tanto por el poco peso del objeto, que abrazaron la olla con tal fuerza que, más que el resumen de un cadáver, pareciera que llevasen un hucha repleta de papel moneda. ¨ ¿Te has atrevido a mirar lo que hay dentro?¨ decía una. ¨No¨ contestaba la otra. Y así, muertas de verguenza y de miedo se atrevieron a conducir hasta el pueblo de Buitreras, lugar de origen de mi querida tía abuela, para dar una paz infinita sin seguir pagando el seguro de difuntos. ¨Si, si¨ decía mi tía la menor. ¨Pero esparcir cenizas de difuntos en vía publica es un delito. Y eso también cuesta dinero¨

Cuando vas a lanzar las cenizas de un ser querido, siempre te imaginas una bella escena. Con un sol brillante, un mar, una leve y agradable brisa...


Una vez en Buitreras, mi querida tía abuela fue llevada a la iglesia central y más conocida de Buitreras, La Santa Iglesia de Ntra Sra de la Consolación. Delante de la Iglesia, hoy día existe un maravilloso y transitado jardincillo en el que mis incautas tías segundas pretendían esparcir los restos de su madre. En aquel jardín jugaban los niños, paseaban las madres a sus bebes y deambulaban los jubilados del pueblo de los de baston y en grupo.
Mis tias abrieron la tapa de la olla pensando que la ceniza de mi tía abuela tendrían un discreto color gris cuando , de pronto, al esparcir las cremadas cenizas sobre los hermosos pétalos de las flores del jardincillo de la iglesia de Ntra Sra de la Consolación, lo que esparcieron fue un polvo multicolor, semejante a la purpurina, que llamó la atención del gran grupo de jubilados. Todos, cortos de vista, se acercaron con sus bastones y sus gafas ahumadas. Mis tías temblaron de verguenza. A mi tia la mayor se le cayó la olla boca abajo. Todos quedaron estupefactos, el color del fósforo era maravilloso, pero la pestilencia del mismo era indescriptible, los niños que se detuvieron a ver el espectaculo tosieron sin parar y los abuelos que dirigieron sus miradas a la escena advirtieron sin duda la contaminación y la pestilencia que habian traído a su parque aquellas dos feas y extrañas forasteras.
Desde luego, el olor era insoportable y uno de los ancianos llamó a la policia. Mis tías, algo estupefactas por el impacto del hecho, y penosas por no haber previsto el incidente, decidieron salir del parque lo antes posible, para tomar el coche hasta la ciudad. Al salir del parque descubrieron un problema más : su coche se lo había llevado la grúa. Deliberaron que la mejor opción era tomar una copa doble de coñac en algún bar cercano y rezar a mi tía abuela para que pronto lloviera y poder ayudarlas a limpiar el estropicio. Mientras cruzaban la calle, vieron como unos ancianos, de los de bastón y en grupo, las señalaban desde lejos mientras hablaban con una pareja de municipales.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Así acaba? pues que angustia, ¿qué les ocurre a las dos tias? ¿se dieron cuentan los viejos que el polvo era el de la tia abuela? ¿le harán las pruebas del ADN a los restos los municipales del pueblo? ... dios, que angustia.

Con el trabajo que me cuesta leer texto en el ordenador, por pereza, los tuyos se deboran. Me ha gustado, como en su dia me gustó el libro.

Un abrazo

Juan Antonio

Pedro Gozalbes dijo...

Difiero en una cosa amigo Álvaro, no deberías dejar que esas mujeronas tomaran cervezas, yo les daría de beber, no sé un pacharán o un dulce oloroso, pero una cerveza...
Espero seguir leyendo más cuentos en tu blog.

Anónimo dijo...

Hola me a encanto esta pequeña historia sobre tus tías, pero me gustaría dirigir unas pequeñas declaraciones, a todas aquellas personas que como tu disfrutan de la literatura. Me gustaría que no descalificarais tanto a esa literatura llamada “BESTSELLER” porque tiene tanto valor literario como todo el resto de la literatura.
Sobretodo me dirijo a ciertos personajillos del ámbito literario que descalifican a toda aquella persona que como esta servidora nos gusta leer grandes bestseller y disfrutar de grandes aventuras, vivencias….

PD: Don Álvaro todavía hay cierta persona que espera poder leer alguna vez en su vida algún poemilla de su puño y letra.

Macarena dijo...

Sencillamente genial. Un beso muy grande que hace mucho que no te veo. Ven a casa un día a desayunar, comer, merendar o cenar. Tú y tu santa.

Don Álvaro. dijo...

Copiado, les he hecho beber una copa doble de coñac a cada una.

Pedro Gozalbes dijo...

ahí, ahí, eso está mucho mejor!

Anónimo dijo...

doy fe de que la historia es veridica y en cuanto al coñac no me parece verosimil que mis queridas primas se lo tomaran ellas son cerveceras. CARMEN

Pedro Gozalbes dijo...

Bueno, si se trata de verosimilitud que beban cerveza, pero yo si hubiera sido el camarero del bar en ese cuento les pongo del tirón dos copitas de canasta sobre la barra. En cualquier caso les iba a sentar igual de saludable.
Salud, entonces.

yo dijo...

eso que beban lo que quieran