viernes, 12 de octubre de 2007

Visita nuestra casa


Mi laboratorio es de 2007.La casa de las obsesiones. Nunca toques un tarro de terror, hazme caso.
Es chulisima, tú sigue leyendo hasta que te suden las manos. Sigue leyendo hasta llegar a la salita de esta casa, mientras cruzas la pestilencia que ves, cuanto menos chocante, y arrodillate a San Primitivo.Recuerdo que Escher, cuando era insoportable, a penas sabía navegar por estos pasillos. He deliberado dibujarle un plano, uno solo. El pobre se sorprendió. Sus palabras textuales fueron “Tienes un problema, has puesto tu oscura casa cómodamente en práctica.” Y ya lo ves.O… ya lo vas a ver. Es un programa para disparar tertulias. Tenemos princesas que son lo Máximo de primer nivel en reuniones nocturnas.Me coje un trapo de tela con tal belleza que dispara en el todas las artes europeas. Era maravilloso. Pero es un mal. Gracias a mis dos nombres que son primos de hermanos me meto yo solo, con mis otros nombres hasta ese espejo en el que cabe todo. Y me pierdo en su reflejo.

El pasillo es madera de lagrimas para recorrerlo en diagonal y teledirigirte a biocomunidad del hogar.
El baño no existe en esta casa. Algunos comentarios se merece, la verdad. Alli, se cumple la apacible paz del coleccionista de falsos espejos y qué bien si se sigue, si no te quedas quieto. Salir de ahí no es lo peor. Ponte para salir de ahí cualquier pantalón barato y transmite un ideal con lo puesto, cualquiera. Aquí en el salón de casa todos te escucharemos. A un hombre al que le falte a la verdad le falta incendio, y le damos carpetazo.

Mientras tanto no hay frailes que valgan ni San Primitivos que besar. Visita nuestra casa-laboratorio pero ten cuidado, aquí estamos todos piantaos. Yo el primero.

6 comentarios:

Pedro Gozalbes dijo...

Me pierdooooo...
¿Qué está pasando en esta casa, ahora se convirtió en laboratorio de tubos de ensayos y probetas, de espumas sulfurosas?

Bueno, te dejo una cita de William Blake que leí hoy, creo que podría servir para hacer uno de esos azulejos horteros que se ponen en las puertas de las casas andaluzas, a lo mejor lo quieres poner tú así en tu casa de las obsesiones:

"Quienes reprimen su deseo son aquellos cuyo deseo es bastante débil para poder ser reprimido".

don álvaro, Anfitrión dijo...

En realidad los tubitos de ensayo siempre estuvieron ahí, escondidos entre los interlineados a doble espacio. El pasillo de esta casa va de arriba abajo, porque.. en realidad es como un pasillo a la vez que salón. A lo largo del pasillo ves los cuadros del anfitrion, hay un par de autoretratos y en fin, si se te ocurre alguna dependencia más de la casa aquí tienes al mayordomo, al jorobado. Que ... ahora que pienso, intentaré buscar una foto suya en la red, seguro que le encuentro.

Pedro Gozalbes dijo...

No sé, un lavadero, para de vez en cuando meter a alguien en la lavadora, como por equivocación, como el que se olvida un "kleenex" en el pantalon y luego después de lavado, secado y planchado sale duro y recio como un moco (puag!). Al tal perugorria ese lo metía yo en la lavadora. ¿Oiste lo que dijo ese infame?

Anónimo dijo...

Yo añadiría un trastero vetusto, lleno de polvo y de cachibaches inútiles (a primera vista), con un letrerito en la puerta que pusiera: HABITACIÓN DE LOS SECRETOS SÚPER MISTERIOSOS.NO ENTRAR. Es lo mejor para que entre casi cualquiera, y podrías averiguar, Bruno, quiénes de tus invitados son los intrépidos y quiénes los cobardes...

don Álvaro dijo...

Está bien, intentaré encontrar la habitación de los misterios supermisteriosos

Manolo dijo...

2

Como ocurría a veces, un hombre se subía al tren en una de las paradas, y se sentaba en el vagón en el que estaba Silvia.
Ella, en estos casos, echaba un temeroso vistazo al nuevo vecino, esperando encontrar una señal tranquilizadora, como la de comprobar que se sentaba lejos de ella, dándole la espalda, por ejemplo.
Pero a veces, pocas veces, este nuevo vecino se acomodaba más cerca de lo normal, un par de filas detrás, lo que la alarmó, ya que extrañas veces ocurría.
Pero lo que más la asustó, hasta el punto de hacer que se pusiera lívida y le entraran sudores fríos, fue sentir cómo ese desconocido tenía clavada su mirada en su hermoso pelo rubio.