sábado, 14 de junio de 2008

Sobre el arte y el toro.

La literatura es para mi un medio de expresión que compensa lo que no puedo comunicar mediante el lenguaje hablado. La literatura, la comunicación escrita, se transforma entonces en un grito de rabia, de comunicación y de fantasía. En cuanto a la forma, debo decir que la creación literaria, la construcción de una complejidad estructural, la especial elaboración lingüística, etcétera subyuga, como cualquier otra técnica, a quien la practica. Todo aquello que que requiera una técnica, que requiera tiempo de práctica, capacidad de abstracción, deseo de perfeccionamiento, intención de expresar emoción y/o belleza a través de ello y el consecuente aislamiento del artífice para dedicarse a ello, es Arte. Ya sea el arte para escribir un cuento, como el arte necesario para saber decorar una habitación. Ahora bien, mientras pienso en este concepto de arte me aborda la pregunta: ¿Es el toreo un arte?

En mi opinión, conocer y practicar la técnica de clavar la espada en un punto concreto del lomo del toro es un arte, como es un arte la suerte de banderillas o el tercio del picador. Desde luego, para picar un toro hay que tener práctica. Pero todo radica en la función del arte, es decir, en un pase de veronica se derrama arte, porque existe expresión del torero y belleza plástica. Sin embargo, ¿Existe expresión o intención de crear belleza en el acto mismo de clavar la espada? En mi opinión ese acto es puramente funcional, sin ánimo de crear belleza. Además, ¿Existe belleza en la suerte del picador? Sabemos que existe técnica, pero sabemos que no entraña ningún deseo de expresión para el señor que viste el protector en su pierna y sombrero castoreño.
El pase de capote sin embargo y todo aquello que contribuye al engaño del toro es un arte, una técnica que se domina practicando, que implica una forma de expresión, de rabia y de fantasía. El toro es por tanto un arte, pero los tercios cuya única función es memar sus fuerzas a base de derramarle la sangre es un acto a abolir. Sería hermoso que España fuera lo suficientemente madura e inteligente como para abolir la muerte del toro, pero no la práctica del toreo. [en las fotos : Federico García Lorca e Ignacio Sánchez Mejías, grandes artífices cada uno a su manera]




1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi padre siempre pensó que sería buena idea continuar con el toreo sin que el animal sufriera lo más mínimo.

La tortura ni es arte ni es cultura.

Vanna Lulu dijo.