jueves, 17 de julio de 2008

Decálogo

Recursos Literarios: Decálogo del escritor don Augusto MonterrosoICuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
IINo escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
IIIEn ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".
IVLo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
VAunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
VIAprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
VIINo persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
VIIIFórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
IXCree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
XTrata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
XINo olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
XIIOtra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

1 comentario:

Pedro Gozalbes dijo...

Querido Perugorría, me permitirás que le falte el respeto a este Monterroso, que cada día me interesa menos. En primer lugar decirte que hay dos maneras de escribir un decálogo. La primera es consecuencia de la labor de muchos años de experiencia y de sabiduría. El escritor, que ante todo busca en la literatura la diversión decide que ha llegado la hora de reirse de sí mismo y se pone a escribir un decálogo que por ingenuo no dejará de hacerle sonreir, porque ni él mismo se lo creerá. Luego lo enviará a un periodicucho y será durante algunos días motivo de conversación del guirigay literario. Ello le servirá de excusa para volver a retomar los días de cafés y tertulia, y tratar de volver a poner a prueba ante sus amigos y enemigos sus ideas acerca de la ética y la estética. A mí esto me parece simpático. Pero hay otra forma de escribir un decálogo, una forma absurda, abstrusa y estúpida, que es la que se conoce que ha practicado Monterroso, y es la de decidir deliberadamente y con ánimo literario que hoy hay que sentarse en el escritorio y no levantarse hasta tener escrito un decálogo y como encima me sobran dos y el lector es medio estúpido pues que elija. Los decálogos son absurdos y si se escriben con intención dogmática lo son aún más, y este a pesar de querer pasar por gracioso en el fondo pretende ser dogmático y eso para mí es un fallo imperdonable, acentuar más el orgullo que la literatura... y «el dinosaurio aún seguía allí» ¿haciendo qué?