jueves, 14 de octubre de 2010

Lo peor es que todavía no me han pisado.

Siguen pasando los días de octubre mientras me pudro en esta vida de hormigas de ciudad. Soy como una hormiguita que trabaja, como muchas otras hormigas acarrea con un trozo de alimento entre sus patas. Así día tras día hasta que de tanto ir y venir te pisan. Lo peor es que a mi todavía no me han pisado. Mientras tanto procuro ocupar el tiempo en imaginar que los trozos de alimentos son inservibles. Que soy individualmente original y que todo cambiará para bien. Sé que puede ocurrir pero a veces me cuesta tanto creerlo que me hundo en mis ideas adolescentes de cordura. Como en esta idea que ahora cuento y que se me acaba de ocurrir. Ya decía André Bretón que escribir sin pararse a pensar puede ser peligroso. En los años treinta, cuando se usaba la escritura automática, subió el indice de mortalidad a causa de los suicidios. Mejor será que detenga mis dedos ante el teclado y siga haciendo lo que se supone que es normal, hacer creer a tus seres queridos que eres un tipo corriente: una hormiguita feliz .

En la foto André Bretón, quien a pesar de sus locuras frenó el automatismo a tiempo.

viernes, 8 de octubre de 2010

El hombre que sólo tenía un euro

El hombre que invirtió un euro
José Manuel Martín, de 36 años de edad, natural de Sevilla, cursó la carrera de Filosofía y Letras en Salamanca, doctorándose finalmente en Cádiz en 2006, trabajó casi la totalidad de su juventud en una ONG investigando sobre la influencia del capitalismo en el seno de las relaciones sociales del ser humano, hasta que por fín fue seleccionado para un trabajo de investigación en Toledo que duraría al menos diez años. Su carrera era meteórica hasta que en 2oo9, con la llegada de la crisis, se acabaron los fondos de su investigación y quedó finalmente sin trabajo. Hoy, José Manuel Martín no tiene trabajo, ni espectativas de conseguirlo. Tras pagar su mensualidad de luz y de agua posee únicamente un euro y no sabe qué demonios hacer con él. Finalmente ha terminado donándoselo a los fondos del partido comunista, confiando que algún día, cuando verdaderamente le haga falta, algún compañero del partido se lo pueda devolver.