Absorto es el título de una novela en la que el protagonista, Eduardo, ve como su casa va mermando poco a poco. En un primer lugar advierte, mientras se dedica a una limpieza rutinaria de su hogar, cómo en el rellano de su escalera no cabe un puff grandísimo que había comprado en Marruecos, cosa que le extraña pues, cada vez que le pasaba la fregona al salón colocaba en el rellano el puff y aún sobraba espacio para subir cómodamente hasta la planta de los dormitorios. Un mes después, al realizar una nueva limpieza, era soltero y no muy limpio, y al realizar la misma acción con el puff, se sorprende al comprobar con un metro que el descansillo de la escalera es 10 cm y 3 mm más pequeño. El grandioso puff ni siquiera cabía. Ante una obviedad tan apabullante registra los cajones de su sala de estudio hasta encontrar los planos de la casa, para cerciorarse de la medida exacta de las cosas. Los planos mandan. La casa ha empequeñecido 13 cm y medio en total. Mientras que el jardín exterior permanece intacto en su tamaño.Llama por teléfono a un vecino cercano, le hace venir a casa con la excusa de un café y torea la conversación hasta llevarla al terreno que le interesa. Aunque no se conocen demasiado, el vecino resulta ser un hombre simpático y se toman juntos unas cervezas e incluso intercambian bromas. Le promete que por su parte, medirá también su casa no sea que esté empequeñeciendo el mundo. Ambos se ríen y cuatro días más tarde su vecino le devuelve la llamada y le informa de que su casa no ha experimentado ningún cambio en su forma ni en su tamaño. Antes de colgar, su vecino se interesa por saber dónde compró aquel puff tan bonito para regalarle otro igual a su señora.
--En Marruecos- le contesta.
Pasa el tiempo y Eduardo tiene que cambiar algunos aspectos de la vida en casa: como sacar la lavadora del hueco bajo la encimera, porque las paredes la están aplastando; orientar la cama hacia oeste para que pudiese caber en su dormitorio; y, por supuesto, dejar de disfrutar de sus plácidos baños de sales en la bañera, pues ésta se estrechó longitudinalmente hasta el punto de que lo único que cabía era un palo de la fregona.
Cuatro meses más tarde, la mayoría de los muebles y electrodomésticos no caben en casa, los tiene enfilados en el jardín, los libros apilados en mesas y a la intemperie y su dormitorio se ha convertido en un pasillo con las medidas de un ataud de 50 cm de ancho. Esto último le parece a un nicho nocturno en el que dormir es como estar muerto. Qué poco dura la vida.
Cuatro meses más tarde, la mayoría de los muebles y electrodomésticos no caben en casa, los tiene enfilados en el jardín, los libros apilados en mesas y a la intemperie y su dormitorio se ha convertido en un pasillo con las medidas de un ataud de 50 cm de ancho. Esto último le parece a un nicho nocturno en el que dormir es como estar muerto. Qué poco dura la vida.
Una mañana Eduardo se despierta en su hamaca, que colgaba entre un níspero y un granado, y al levantar el cogote ve cómo la casa mide ya 20 cm de ancho, es como un pasillo de una casa para gnomos. Es imposible entrar. El puff, único mueble al que le tenía aprecio y que había dejado dentro de su hogar, se aplasta sobre sí mismo entre los laterales del marco de la puerta del pasillo, durante la noche se ha reventado por un lateral y ahora expulsaba bolas de papel de periódico y gomaespuma, como si fuera una herida por aplastamiento. Eduardo se queda absorto viendo los últimos momentos de la existencia de su hogar, observando la hecatombe de su pequeño mundo. Ni siquiera ha desayunado. Al término de la mañana, a las 12 del mediodía, la casa mide menos de un centímetro y un cuarto de hora después la casa ya ha desaparecido. Eduardo no acierta a hablar ni reacciona.

6 comentarios:
¡MARAVILLOSO! ¡¡PLAS, PLAS, PLAS, PLAS...!! Pero esto de quién es? ¿Es suyo, señor? ¡Gran final! ¡Apoteósico! Si es suyo, usted es el más grande de este tiempo, ¡y no lo conoce ni su puta madre, señor!
Qué grande! Qué bueno!
Parafraseando a "La que mola más", diré: Si es suyo, usted es el más grande de este tiempo, ¡y no lo conoce ni su puta madre, señor!
Gracias por los cumplidos amiguetes señores. Realmente esto me ocurrió durante un día de invierno y mi mente no sabía si era realidad o ficción. Estaba en paro.
Álvaro me parece un buen cuento, gracias por pasarme el enlace, siempre he creído que la casa de uno es una especie de metáfora de su vida interior y exterior. Tu casa de las obsesiones lo sigue siendo y este relato da buena cuenta de ello. Y lo has bordado de fábula, todo esto revela que estás en forma cabrón, que lo que tienes que hacer, y aquí como siempre me tomo libertades, es darle caña, persistir, escribir mucho, leer al cubo, pulir, corregir, darle la vuelta invertir y revertir, mejorar para empeorar y empeorar para mejorar de nuevo y meterte en una espiral ascendente... no me cabe duda de que para que el personaje de tu cuento haya ido mermando hasta la estuperfacción es porque tú no has ido haciendo otra cosa que ir dilatando hasta la extenuación, y ni por asomo me creo que tengas nada en común con ese Eduardo, sino más bien que tú eres ese puff a punto de estallar y de soltarlo todo, tiene ahí buen condumio dentro, sácalo fuera! un abrazo enorme.
Muy bueno, me ha gustado mucho, se angustia uno al leerlo. Lo he disfrutado, en serio.
Gracias y esperamos al siguiente
Un abrazo
Juan A.
Jajaja
Pues te salió genial! Mándanos más...
Besos!
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