jueves, 21 de junio de 2012

Cuento Sin título.

Necesito tiempo-dijo.
Y se murió.

El noble vagabundo



La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. La nuez como el puño de un bebé, y unas ganas de babearnos en la cara que provocan el rechazo. Su harapiento disfraz de caballero adinerado ha engañado a los presentes y a los corrillos lejanos que lo observan sentados. Sin saber que el susodicho es el que pide en la esquina, ha engañado a los esbirros de los ricos y a las pijas, pase usted don Pelayo, le dicen en portería ¿Cómo le fue el día? ¿Y su señora? Pero pase. No tenga cuidado. En seguida le acomodamos y acercamos a usted un pastel napolitano y una tacita de té.